Muchos arqueólogos creían que realmente esta ciudad nunca había existido, pues solo se tenía constancia de ella a través de los poemas épicos de Homero, donde nos cuenta la destrucción de la rica y gran amurallada Troya, tras 10 años de asedio, en el año 1.180 a.C.

A través de obras como La Ilíada donde nos cuentan la batalla de Troya entre los aqueos y los troyanos, La Odisea donde Homero nos cuenta las aventuras del héroe Odiseo de vuelta a casa tras la victoria en Troya y La Eneida de Virgilio se construyó un mito sobre esta ciudad que para el ámbito científico era inexistente, pura fantasía.

Pero en el siglo XIX, un fanático y rico lector de La Ilíada se lanzó a la búsqueda de Troya. Se trataba del alemán Heinrich Schliemann (1822-1890) que logró desenterrar no una Troya, sino distintas troyas construidas sobre distintas fases de construcción.

Hizo fortuna como comerciante y a partir de los 44 años se dedicó por completo a intentar demostrar que el relato homérico era cierto.

Schliemann estaba convencido de la veracidad de la Troya de Homero y, a pesar de tener en su contra a toda la comunidad científica de la época que lo tildaba de loco, Schliemann comenzó las excavaciones en la colina de Hisarlik (Turquía), cerca de la costa, en septiembre de 1871, con un total de ochenta trabajadores.

¿Por qué en este lugar del norte de Turquía y no en otro? Pues, Schliemann apeló a los datos geográficos que aportaba Homero (los ríos Escamandro y Silios), a sus descripciones de los campos de batalla y de las acciones de los héroes, y comenzó a excavar.

En su afán de ir más rápido y obtener vestigios de época homérica, provocó varios destrozos arqueológicos, debido esto también a su falta de conocimientos científicos necesarios para una correcta conservación de un yacimiento de tal magnitud.

En 1882, Schliemann convenció al arqueólogo alemán Willhelm Dörpfeld (1853-1940) para que se uniera a su aventura, consiguiendo con ello que sus trabajos no fueran similares a los de un mero buscador de tesoros, sino los de un verdadero arqueólogo, ayudándole a reinterpretar las unidades estratigráficas de las distintas fases de Troya. Dörpfeld continuó la excavación en Troya tras la muerte de Schliemann.

A través de los hallazgos arqueológicos se extraen 10 niveles de ocupación de la ciudad de Troya. Es decir, entre las ruinas de Troya estaban los vestigios de 10 ciudades sucesivas en el tiempo y en el espacio que fueron Troya.

Todo dormía bajo tierra desde que en un momento de la Edad Media la ciudad fuera abandonada.

Las cuatro primeras, desde Troya I a Troya IV, se desarrollan durante el III milenio a.C. habiendo una clara continuidad cultural hasta la fase de Troya V.

En la Troya VI se produce un auge de la ciudad, al igual que en la Troya VII, que gracias a sus hallazgos se proclamó la principal candidata para identificarse con la Troya homérica.

Posteriormente, Troya VIII y Troya IX son las fases de ocupación de la Grecia Arcaica, la época clásica, el periodo helenístico y la ocupación romana. La Troya X es la perteneciente al período Bizantino. (MI)

http://www.elchaco.info/wp-content/uploads/2018/08/MUROS-DE-TROYA.jpghttp://www.elchaco.info/wp-content/uploads/2018/08/MUROS-DE-TROYA-300x300.jpgIsmael Vargas A.CulturaResaltadoCultura,Historia,Troya
Muchos arqueólogos creían que realmente esta ciudad nunca había existido, pues solo se tenía constancia de ella a través de los poemas épicos de Homero, donde nos cuenta la destrucción de la rica y gran amurallada Troya, tras 10 años de asedio, en el año 1.180 a.C. A través de obras como La Ilíada donde...