La Biblioteca Nacional y el palacio de las Alhajas, acogerán a partir del 29 de noviembre la gran exposición con que se conmemoran los 500 años de la muerte del artista e inventor.

De las tres formas que han sobrevivido los manuscritos de Leonardo, colecciones encuadernadas recopiladas después de su muerte, cuadernos más o menos intactos y hojas sueltas, los que se conservan en la BNE de Madrid tienen una historia que bien podría parecer el guión de una película o una novela: transmitidos, vendidos, traspapelados y perdidos durante un siglo y medio hasta su hallazgo en la propia Biblioteca a mediados de los años sesenta del siglo pasado. Un auténtico tesoro surgido de la mano del genio en su época de madurez por el que pugnaron poderosos y anhelaron estudiosos, sabedores de que una parte de escritos de ese creador prolífico que fue el ingenio italiano se perdieron en el tiempo o en diferentes espacios. No es este, afortunadamente, el caso y a partir del próximo 29 de noviembre protagonizarán la exposición Leonardo da Vinci: los rostros del genio, con la vista puesta en la conmemoración el 2019, en concreto el 2 de mayo, de los 500 años de la muerte del genio en Amboise, Francia.

 

Artista, inventor y prototipo del hombre de cultura total, Leonardo da Vinci escribió en efecto muchísimo, más de 7.000 páginas, pero se calcula que no todo se ha conservado, puede que miles de páginas estén perdidas o traspapeladas a la espera que alguien las descubra en alguna biblioteca. Pero lo conservado son páginas y pá­ginas de tratados de mecánica y pintura, de estudios anatómicos y as­tronómicos, de sueños e ideas que se acabarían materializando siglos después pero que fueron capaces de volar en su imaginación y tomaron forma en sus manuscritos. El periplo de los Códices Madrid I y Madrid II resulta ilustrativo del devenir de esta casi milagrosa producción después que por azar se descubrieran dos cuadernos enteros.

Leonardo da Vinci escribió en efecto muchísimo, más de 7.000 páginas, pero se calcula que no todo se ha conservado, puede que miles de páginas estén perdidas o traspapeladas a la espera que alguien las descubra en alguna biblioteca

Una copia posterior que se guarda del testamento de Leonardo establece que al morir dejó “todos y cada uno de los libros [libri] que en la actualidad se hallan en poder de dicho testador, así como los instrumentos y retratos [portracti] propios del arte y oficio de pintor” a su discípulo Francesco Melzi, quien los conservó como oro en paño. No haría lo propio el hijo de este, Orazio, quien amontonó los papeles en un granero antes de ponerlos a la venta, con un sorprendente poco éxito –“Nada de esto podría interesar a vuestra excelencia”, aseguró un consejero a Francisco de Médicis– que ocasionó una serie de idas y venidas de legajos que acabó con los manuscritos repartidos en diferentes lotes y manos.

 

La historia de la venida a España de los códices hoy en la BNE se inicia entonces, cuando aparece en Milán Pompeo Leoni, escultor en la corte de Felipe II. Leoni compró buena parte de los manuscritos posiblemente con la intención de venderlos y con ellos se instaló en Madrid, donde volvieron a dispersarse tras su muerte. A estas alturas, ya habían sido ordenados y catalogados, amputados y separados varias veces por sus diferentes propietarios según su buen o peor entender. La cuestión es que los Códices de Madrid acabaron a manos de un personaje enigmático y fuera de lo común, Juan de Espina (1568-1642), un clérigo de origen cántabro que en pleno siglo XVII acumulaba fama de estudioso o nigromante Pues bien, el tal coleccionista fue capaz de resistir las primero ofertas y luego acosos de un noble británico, el conde de Arundel, decidido a conseguir los manuscritos leonardinos, y a su muerte los legó al rey de España. Así llegaron a la Biblioteca Real y así aparecen en el primer inventario de manuscritos realizado en 1830. Y así desaparecieron, porque hasta mediados de los años sesenta nada se supo de ellos. El extravío parece originarse en un error en la signatura de los volúmenes: en el catálogo figuraban con los números Aa 19 y 20, mientras que las correctas eran Aa 119 y 120. Y las circunstancias de su descubrimiento todavía levantan ampollas. Sin duda, darían para otro guión de cine.

 

 

Una copia posterior que se guarda del testamento de Leonardo establece que al morir dejó “todos y cada uno de los libros [libri] que en la actualidad se hallan en poder de dicho testador, así como los instrumentos y retratos [portracti] propios del arte y oficio de pintor”

El conde de Arundel consiguió hacerse en 1630 con otros escritos de Leonardo que, conocidos por el nombre del aristócrata, se conservan en la Biblioteca Británica. En la Biblioteca Ambrosiana de Milán se guarda el Este cuaderno será una colección sin orden alguno, elaborado a partir de muchas hojas sueltas, a las cuales yo he de copiar aquí, esperando distribuirlas correctamente más delante de acuerdo con las materias en ellas tratadas”. Los cuadernos están profusamente ilustrados, lo que no es de extrañar dado el pensamiento visual del genio. ElEn la noche de San Andrés (30 de noviembre), encontré la solución final de la cuadratura del círculo cuando ya se terminaba la vela, la noche y el papel en el que escribía, al filo del amanecer ”. Genial.

Información elaborada con los textos de elisa ruiz en la biblioteca nacional y paolo galluzzi en el correo de la unesco. (VAN)

http://www.elchaco.info/wp-content/uploads/2018/11/DAVINCI-2111.jpghttp://www.elchaco.info/wp-content/uploads/2018/11/DAVINCI-2111-300x300.jpgDaniela Sanquez QuezadaCulturaResaltadoArtista,Inventor,Leonardo Da Vinci

La Biblioteca Nacional y el palacio de las Alhajas, acogerán a partir del 29 de noviembre la gran exposición con que se conmemoran los 500 años de la muerte del artista e inventor. De las tres formas que han sobrevivido los manuscritos de Leonardo, colecciones encuadernadas recopiladas después de su...